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Hemos desarrollado nuestra
capacidad de hacer en la vida al mismo tiempo que nuestra capacidad de crear un
sentido del yo que hace.
Esto da lugar a dos
grandes suposiciones: que somos nosotros quienes hacemos, y que es
específicamente el yo en cada uno de nosotros el que hace.
El resultado de ambas creencias es, entre otras cosas, que no nos
permitimos funcionar en la vida sin generar esa imagen interior que pareciera
sostener el acto que se está realizando.
Este doble esfuerzo
de creer que hacemos (en el afuera) y de creer que somos de una manera
determinada en concordancia con eso que hacemos (en el adentro), es totalmente
innecesario.
Paz |